jueves, enero 11, 2007

Sobre habas (o)






En todas partes se cuecen habas.
En los transportes públicos hay un área de asientos reservados.
Los iconos de una mujer embarazada, de un hombre con muletas y de un anciano con bastón indican quienes son sus destinatarios.
Pero nadie hace caso, o muy pocos practican, por aquí, esa forma civilizada de la cortesía.
La masa que sube y se atropella en los pasillos de los trenes le importa un pito los ancianos, los escayolados o las gestantes. El asiento es una res, un antílope que hay que cazar a empellones.
Una vez allí, ocupando el lugar que no merece, la masa finge dormir, leer el periódico con tal de no perder el privilegio de la comodidad.
De pronto, alguien se para y cede el asiento a la pobre mujer que debe ir por su octavo mes de embarazo. Quien cede el asiento es otra mujer, anciana ella, con várices en los tobillos. Su gesto incomoda a todos aquellos que simulan dormir o leer el Mainichi shimbun o algún grueso volumen de manga.
En honor a la verdad, a veces, yo también finjo dormir.
Sí, pues, en todas partes se cuecen habas.




(o)Las disculpas del caso. Cinco meses después he hallado en la vieja agenda del 2006 -al pasar números y datos a la nueva del 2007- la clave para acceder a este blog. Aunque suena a cuento yo también quiero creerlo. Pienso tatuar la clave para no olvidarla. Busco la piel apropiada.

jueves, agosto 03, 2006

De la lona a la cumbre






Kohki Kameda, el chico prodigio del boxeo japonés -campeón nacional aficionado a los dieciséis y púgil profesional desde los diecisiete- había gritado a los cuatro puntos cardinales que sería campeón mundial antes de los 20 años de edad.

La noche del 2 de agosto, y con tan solo 19, alcanzó su sueño. Venció al venezolano Juan José Landaeta, campeón mundial minimosca de la AMB. Un triunfo, sin embargo, obtenido con malas artes.

Habituado a ganar a sus adversarios antes del quinto asalto, Kohki se topó esa noche con la horna de su zapato. El venezolano no fue pan comido. Fue un hueso que no pudo roer. Esa noche, Kohki se cayó desde lo más alto de su soberbia y besó la lona luego de recibir un zurdazo del estupendo Landaeta. Al final del combate el chico japonés acabó con una ceja rota, el labio sangrante, el pómulo derecho inflamado y con el orgullo por los suelos.

Landaeta, de 27 años de edad, un boxeador con oficio, ganó la pelea con limpieza pero la perdió bajo la mesa. El silencio mortuorio que manaba de la tribuna del Pacífico Yokohama en Yokohama, era la música de fondo de una derrota que todos vieron menos los sospechosos jueces extranjeros nombrados para calificar este combate.

Tres de los cuatro jueces vieron ganar al valiente y aguerrido chico japonés. Esos tres jueces tramposos deben estar gozando de una estancia privilegiada en Japón: hoteles cinco estrellas, paseos turisticos por Kyoto, Nara, Osaka, Kamakura y gastando los honorarios recibidos de un deporte que muchos vinculan con los negocios turbios de las organizaciones subterráneas.

De otra manera no se explica una pelea como ésta donde el ganador termina en la lona y el perdedor en la gloria.






miércoles, mayo 24, 2006

Los Estatutos de redaccion de EFE



El que esto escribe tiene mucho respeto por su oficio.

Noble profesión o vil oficio, según como se ejerza, el periodismo pasa por una seria crisis. Una crisis de valores. Se dirá que son los tiempos. Tiempos difíciles. Donde los mercaderes han tomado por asalto las Redacciones y se han apoderado de la noticia, del poder de la información, convirtiendo el ejercicio de la prensa en una transacción comercial al servicio de intereses privados o corporativos.

No hay nada peor que le pueda pasar a un medio que perder su credibilidad y con ella el respeto de sus lectores. Se olvida, muchas veces, que la integridad, la reputación, la credibilidad de un medio no es otra que la reputación, la integridad y la credibilidad que le proporcionan sus periodistas.

El panorama de la prensa es desolador. Ni el periodismo americano ni europeo escapa a una crisis que tiene más de ética que de estética.

En conducta la prensa latinoamericana tampoco le va a la zaga. La manipulación informativa durante el proceso electoral peruano ha sido escandalosa, es apenas un botón de muestra.

El periodismo no es bueno ni malo. Sólo hay periodistas mal formados y deformados por su vil ejercicio y periodistas que encuentran en él una posibilidad de servicio social y de bien común.

Por eso, vale reseñar y destacar el Estatuto de Redacción que los periodistas españoles de agencia EFE acaban de aprobar. Se trata de un Estatuto que establece un nuevo marco de relaciones entre el Consejo de Redacción, los representantes sindicales y la dirección de la empresa.

El jueves, 18 de mayo, los periodistas de la mayor agencia de noticias de habla hispana optaron por un estatuto que regulará sus normas éticas y profesionales. Con ello, según Alex Grijelmo, presidente de EFE, se abre una nueva etapa "en la que la manipulación informativa ya no es posible".

El Estatuto consta de 128 artículos, con capítulos dedicados a los derechos y obligaciones de los periodistas, la cláusula de conciencia, el secreto profesional, el tratamiento de las fuentes informativas y los derechos y obligaciones de la Dirección.

Su preámbulo destaca que, por su vocación de servicio público informativo, Efe "carece de línea ideológica, no transmite opiniones propias, sino noticias, crónicas, reportajes y análisis periodísticos, en cualquier soporte, basados en la veracidad de los hechos, la consulta de todas las fuentes, el rechazo de toda manipulación y el respeto a los principios éticos que rigen el protocolo de obtención y edición de información".

Sin duda, lo hecho por EFE es un acto que procura devolver al periodismo, algo que nunca debe perder: su decencia.



jueves, abril 20, 2006

Cortocircuito

Cada cierto tiempo (y cada vez con más frecuencia) un japonés hace cortocircuito y perpetra cosas espantosas como, por ejemplo, lanzar a un niño de nueve años desde el décimo quinto piso de un edificio multifamiliar.

El niño regresaba de la escuela con un compañero sin sospechar que al abrirse la puerta del ascensor se iba topar de narices con su verdugo.

Kenji Imai, de 41 años de edad, era un desempleado deprimido que había intentado, sin éxito, quitarse la vida. Ha confesado a la policía que sintió placer al oír el impacto del cuerpo del niño sobre la acera. Ver su crimen en la televisión le produjo un regocijo mayúsculo.

Pero había algo más. La necesidad de experimentar la sensación de matar. Algo que no le quedó muy claro con el niño, tanto así que a los pocos días y en ese mismo edificio, Imai intentó lanzar al vacío a la desprevenida anciana que se ocupaba de la limpieza.

Matar por el placer de hacerlo ya no es una novedad en las crónicas policiales de la prensa nipona. Hace algunos años, un adolescente se metió con un bate de béisbol en la vivienda de una octogenaria solitaria y le destrozó el cráneo.

El chico se había cansado de liquidar, destruir, eliminar en la pantalla de un vídeo game cientos y miles de monstruos, aliens, zombies y otras alimañas virtuales.

No se le debe echar toda la culpa a la industria de los juegos virtuales pero alguna responsabilidad tendrá en el efecto que pueda tener en la mente impresionable de un niño o perturbada de un adulto, incapaces de dilucidar la frontera que separa la realidad de la ficción. Antes de todas estas tecnologías no había tanto loco suelto, ¿o sí?

jueves, abril 13, 2006

Un domingo, 9





Como en el 2001, Lourdes Flores Nano volvió a repetir el plato en Japón. En esas elecciones presidenciales el que menos votó por ella, superando a Alejandro Toledo y al propio Alan García Pérez, con el que ahora disputa, curiosamente, el pase a la segunda vuelta palmo a palmo y voto a voto.

Lourdes obtuvo en Japón el 53, 3 por ciento de los votos; Martha Chávez el 14,8, Alan García el 7,7 y Ollanta Humala el 6 por ciento.

Lo cierto es que el 9 de abril último los peruanos en Japón prefirieron jugar casino con los naipes que le ofrecía la lidereza de Unidad Nacional, antes que jugar a la ruleta rusa con la pistola del favorito Ollanta Humala.

Aunque los fujimoristas en Japón fueron infieles con Martha Chávez, fueron sin embargo escrupulosamente fieles con el voto preferencial para elegir congresistas. Keiko Fujimori recibió el grueso de los votos, 2,375, seguido de Martha Hildebrandt, 699 y de Luisa María Cuculiza, 511. Las tres del partido del Chino, Alianza por el Futuro.

Sin embargo, las elecciones presidenciales peruanas en Japón estuvieron marcadas por el ausentismo. De los 21.000 peruanos aptos para votar, sólo concurrieron a las ánforas, más o menos, 10.000 de ellos, es decir, un 50,5 por ciento del electorado.

El restante 49, 5 por ciento prefirió quedarse en casa y disfrutar de ese soleado domingo haciendo otras cosas que formar cola frente a un ánfora o mancharse el dedo de tinta después de la votación.

La apatía de los peruanos en Japón es la misma desazón que experimentan numerosos peruanos en el extranjero, frustrados con la política canibal que se practica en el país que dejaron. Personas hastiadas que no se sienten representadas ni con los nuevos líderes ni con los políticos de los partidos tradicionales que desde hace 30, 40 o 50 años prometen el cambio, la transformación y hasta la utópica fundación de un nuevo Perú.

Bueno, esa gente prefirió ese domingo pagar la multa por no votar con tal de mantenerse lejos de la verborrea de Alan García, la fingida bondad social de Lourdes Flores y de las amenazas de pelotones de fusilamiento del comandante Ollanta Humala.