martes, noviembre 15, 2005

De sapos y princesas



Ella ha sido la única princesa que al besar a un sapo* se convirtió en plebeya. Se trata de la última hija del emperador Akihito. Se casó el 15 de noviembre con un tal Yoshiki Kuroda, un burócrata de 40 años de edad. La ceremonia se celebró por la mañana en el exclusivo hotel Imperial, en Tokio. Desde ahora dejará de ser la princesa Sayako y se presentará sencillamaente como la señora Kuroda.

Confinada desde que nació a una vida palaciega, se desconoce si sabe lidiar con una escoba o si domina el arte de freír un huevo. Acaba de sacar, a los 36 años de edad, su licencia de conducir. Meses atrás se ha venido entrenando para llevar la vida de una ama de casa común y silvestre.

Definitivamente, se le verá comprando carne de pollo, verduras y frutas en los super mercados, la veremos haciendo cola en los cinematógrafos o usando los servicios públicos a una hora punta, codeándose o pisando callos de otros pasajeros.

En Japón, besar a una princesa ya no garantiza que te vuelvas príncipe.

La vida de plebeya de la señora Kuroda le costará al país el pago único de 152.500.000 yenes, 1'284'643 US Dólar. Caramba, suerte la de algunos sapos.






(*)Se entiende que lo de sapo es una figura. No tomarlo al pie de la letra, aunque...


lunes, octubre 24, 2005

¿Qué está haciendo su hija?






Digamos que se llama Mariko. Tiene 16 años de edad. Estudia el segundo año de koko (secundaria superior). Todos los días sale de casa a las siete de la mañana y retorna a ella después de las diez de la noche.

Su padre es un oficinista y su madre empleada en un almacén en la periferia de Tokio.Sus padres creen que Mariko es una chica responsable. Aunque no tiene necesidad de hacerlo, después del colegio Mariko trabaja despachando comida rápida en un McDonald's o en un algún otro restaurante de ese tipo.

Muchos padres japoneses, tan atareados, creen que los hijos son como las plantas. Que sólo requieren un poco de luz y agua para crecer.

Si echaran un vistazo al ropero de Mariko se sorprenderían de hallar carísimos perfumes franceses, vestidos italianos, carteras y joyas de distintas marcas: Versace, Louis Vuitton, Yves Saint Laurent, Gucci...

Claro, no lo harán porque no tienen tiempo para los hijos.

Lejos de trabajar despachando hamburguesas, Mariko obtiene ese dinero prostituyéndose. En Japón llaman a esa transacción entre un hombre maduro y una colegiala, enjo kousai, algo así como relaciones de ayuda.

El enjo kousai apareció en Japón a finales del auge económico de los años 80. Las chicas, sobre todo de clase media, habituadas a un costoso nivel de vida proporcionado por sus padres, procuraron mantener esas comodidades cuando acabó el boom de la prosperidad, relacionándose con hombres maduros que podían satisfacer cada uno de sus caprichos.

En la actualidad estas muchachas candorosas establecen las citas con los clientes a través de sus teléfonos celulares o por intermedio de portales de internet.

El promedio que se paga por estas relaciones de ayuda es de 40.000 yenes, unos 350 dólares aproximadamente.

La cultura japonesa, la misma de la ceremonia del té, el ikebana y las geishas, enfoca el sexo de una manera distinta a la occidental y valoriza a la mujer aún por encima del hombro. Quizá por eso se muestra muy tolerante con estas prácticas sexuales con menores de edad.

Al caer la tarde, Mariko es una de tantas jóvenes que merodean por la estación de Shibuya con sus uniformes escolares tipo marinero. Se ha citado a esa hora con un cliente. Llevará el cliente un clavel rojo en la solapa. Ese será el distintivo. Después acudirán a un love hotel de las inmediaciones.

Años después, Mariko, bien casada y madre de dos niños, me contó que el cliente del clavel rojo nunca acudió a la cita. Al menos eso creía. Esa noche, al volver a casa más tarde que de costumbre, halló, mientras sus padres dormían, un clavel rojo en el tacho de basura de la cocina...



domingo, octubre 09, 2005

El ritmo del chino*





Fujimori no es músico ni coreógrafo. Carece de oído y en consecuencia de ritmo. Pero tiene la capacidad musical para hacer bailar a sus detractores al ritmo del chino.

Desorejado para la música, sin embargo, es un consumado ajedrecista que está siempre adelante en las jugadas contra sus adversarios. Cuando todos están de ida, Fujimori da la sensación de que estuviera de vuelta.

En Japón siempre se las arregla para hacer noticia. Sabe que hay una prensa atenta a sus movimientos. La usa, la manipula. Aunque se ha visto rozado por un estafador y por un fraudulento príncipe, Fujimori ha tenido en el alcalde de Tokio a su mayor vocero y admirador y en una escritora y exitosa empresaria, que finge de novia, a su millonaria protectora. Una rica protectora que le compra hasta las corbatas de seda y con la que ha tratado de espantar la sombra de que su exilio dorado no ha sido a costa de los lingotes de oro que le sustrajo al Perú.

Más allá de sacar roncha en Lima, su incursión mediática al consulado peruano de Gotanda, donde solicitó su DNI y recabó su pasaporte, permitió a Fujimori entrar por primera vez en contacto con sus compatriotas en Japón que formaban fila en la oficina consular. Ha comprobado, al recibir muestras de simpatías, que debe ser cierto que un 30 por ciento de peruanos votaría por él si mañana fueran las elecciones.

Eso refuerza su deseo de volver.

En todo caso, mientras Fujimori muestra una estrategia coherente, de "retorno", diseñado junto con su abogado César Nakasaki, el gobierno de Toledo da muestra de lo contrario. Esa inoperancia cierta o calculada del gobierno de Toledo por extraditarle sustenta esa hipótesis.

No son pocas las voces que han criticado la politización de la extradición de Fujimori. Hasta la anterior asesora legal de la embajada de Perú en Tokio retornó a Lima disgustada ante tanta descoordinación y desidia. Denunció que se carecía de una estrategia para extraditarle. Y así se lo dijo a la periodista Rosa María Palacios cuando la entrevistó en su programa del 17 de mayo del año en curso.

Denise Ledgard, una especialista en temas de corrupción y lavado de dinero, formada en una prestigiosa universidad inglesa, dejó Japón desencantada con una embajada que agotaba sus bríos enviando quejas, notas de protesta o cartas airadas contra toda universidad o burgomaestre nipón que osara emplear o hablar de Fujimori. Algo así como tratar de apagar un incendio con soplidos.

Su malestar le costó el puesto además de la ingratitud del ex canciller Rodríguez Cuadros, quien tras rechazarle su renuncia, le pidió que permaneciera en el puesto sin sospechar que al poco tiempo iba a ser cesada de sus funciones en Japón. Eso ocurrió en marzo de este año. Ledgard se guardó ese golpe bajo y si no hizo escándalo fue porque no quiso empañar el proceso de extradición de Fujimori que ella emprendió en Japón en el 2001 .

Por cierto, Fujimori ya tiene 67 años de edad. Se hace viejo y su apuesta es por el 2006. El cebo de las elecciones presidenciales despierta sus apetitos, como buen político, de poder y adulación. Inhabilitado por diez años, el 2012 lo convertiría en un candidato de 73 años. Y eso es demasido tiempo para un político que durante diez años se embriagó con el poder. Además, su tiempo en Japón se agota. Ya no puede seguir prolongando más su estancia en este país. Por más hijo o japonés que sea, Fujimori entiende y Japón también, que un hombre no puede seguir distorsionando las relaciones con un país por más pequeño que sea.

Cinco años han sido más que suficiente para que este individuo acusado de corrupción, malversación y de crímenes de lesa humanidad, y con orden de captura en más de 105 países del mundo, diseñe una estrategia que le permita reinsertarse en el sistema legal de su país.

Lo concreto es que Fujimori firmó su defunción moral el día que, entre gallos y medianoche, fugó del país para renunciar luego a la presidencia de su país, vía fax, sin ofrecer el pecho ni mucho menos dar la cara. Huir, como lo hizo, echó por tierra su obra política. La recuperación de una economía exhausta por una inflación astronómica, la estabilidad social que sobrevino con la captura de Abimael Guzmán y la desarticulación de Sendero Luminoso y el MRTA, además de la tranquilidad que proporcionó sellar la paz con el Ecuador.


Hay que admitir que el desprestigiado gobierno que lidera Toledo ha sido el mejor abono que ha servido para restituir la imagen vilipendiada del chino corrupto y fugado. En tanto, el baile del chino continúa sin que el Estado peruano presente una estrategia coherente que le estropee la fiesta y lo reúna con su compañero de fechorías en la base naval del Callao. En fin, de su lema político :"tecnología, honradez y trabajo" no queda ni rastro.







(*) Cumbia creada por Ana Kohler Esta canción acompañó al ex presidente Fujimori durante su campaña para ser reelegido en el año 2.000.

jueves, junio 23, 2005

Robot Guardián






La robótica es un área que fascina y seduce a los japoneses. Sony y Honda están a la vanguardia en esta tecnología. Cada año presentan versiones mejoradas de los prototipos de robots de aspecto humano que desarrollan sus laboratorios. Llegan con más habilidades, menor tamaño y peso. Sin embargo, ninguno de los dos se anima a producirlos en serie. Los costes de producción son exorbitantes y todavía no están al alcanze de sus mercados.

El único robot que se vende es el perro electrónico AIBO, de Sony, una mascota que se programa para que interactúe con su propietario.

Sin embargo, la pequeña firma nipona de robots ZMP ha sido la primera en lanzarse al mercado con un robot "humanoide" que no logra zafarse de su apariencia de juguete. El robotito de marras se llama Novo (*), diseñado para que sirva de guardián de casa. Se fabricaron 2.300 robots.

No se piense que se trata de un robot capaz de enfrentar a golpes o usar rayos láser contra una avezado delincuente. De ninguna manera. Novo mide apenas 35 centímetros y pesa 2.5 kilogramos. Basta una patada y un pisotón para dejarlo fuera de combate.

Se trata más bien un robot de vigilancia, de entretenimiento y porsupuesto, educativo. Es capaz de levantarse, caminar y responde a ordenes orales sencillas como "para", "gira a la izquierda", "gira a la derecha..."

La cámara digital que hace a la vez de cabeza del robot permite al dueño de este pequeño ingenio ver qué es lo ocurre en su casa desde cualquier ordenador o desde la pantalla de su teléfono móvil. También se le puede operar a control remoto, además está programado para bailar y tocar música.

Un diseñador, un coreógrafo y un fabricante de chips se juntaron para crear este robot. Los fabricantes dicen que Novo sirve también de adorno en la sala de una casa. Su diseño es agradable a la vista y constituye sin duda una pieza de lujo.

Lo de lujo es cierto. Novo está valorizado en 588,000 yenes, unos 5,400 dólares americanos.

Al paso que va la robótica, no será raro que dentro de algunos años acudamos al bar y pidamos una cerveza para nosotros y una copa de lubricante extra fino para el amigo robot.






(*) http://www.zmp.co.jp/e_home.html

sábado, junio 04, 2005

530







El 530 le recuerda a los japoneses el deber de colaborar con la limpieza de la ciudad. La pronunciación de estos números en japonés forman la palabra Gomi: Go (5) Mi (3) Zero (0). Es decir, "Gomi-0" o "Basura-0".

El domingo pasado fue en Japón el día de GoMi-Zero.

Muy temprano, cientos de personas se juntaron, formaron cuadrillas e iniciaron la limpieza de la ciudad: calles, avenidas o parques. Hombres, mujeres y niños vistieron ropas de faena. Mamelucos, guantes de tela, botas de jebe. Portaron bolsas de basura. Muchas bolsas de basura. Unidos, emprendieron las labores de limpieza sin otro premio que el sentirse orgullosos de tener su ciudad limpia.

Dicho en buen cristiano, no cobraron por esta labor que en nuestros países, al menos en Perú, lo realiza el servicio municipal de limpieza pública.

Entre las siete y las nueve de la mañana, divididos en pequeños grupos, iban a la caza de desperdicios, latas, revistas, papeles, colillas, recipientes plásticos de comida que peatones y conductores arrojan a la calle.

El día de GoMi-Zero no es un día que se improvisa. No se trata de gente que madruga y que se va a la calle a limpiar los lugares que se le ocurre. No. Todo está organizado. Ya se sabe la debilidad que tienen los japoneses de programarlo todo.

En la asamblea de vecinos se establece, con varias semanas o meses de anticipación, las personas que participarán ese día y las áreas donde operarán. Además de los vecinos, los chicos de los colegios, con la supervisión de sus maestros, se suman a la cruzada de limpieza. Una cruzada que cuenta con el apoyo logístico de los municipios que proporcionan los vehículos recolectores de basura.

Se estima que los seres humanos producimos por lo menos un kilo diario de basura. Si lo multiplicamos por cada habitante de la Tierra, la cifra de basura diaria resulta tan astronómica como agobiante*.

Las leyes que reglamentan la eliminación y el reciclaje de la basura exigen a los japoneses una selección de los desperdicios orgánicos e inorgánicos que producen y que deben ser arrojados en los contenedores en las bolsas de plástico que les corresponden.

En algunas ciudades niponas como Kamikatsu, en la prefectura de Tokushima, la basura se clasifica en 34 categorías. Pero, lo común es clasificar la basura en envases de aluminio, recipiente de plástico, vidrios, lozas, periódicos y papelería en general, baterías, etcétera.

Asimismo, las leyes obligan al consumidor pagar entre 2.000 y 4.500 yenes (entre 20 y 40 dólares americanos) para que pueda deshacerse de cierto tipo de basura d
oméstica: televisores, refrigeradores, lavadoras, microondas, ordenadores e incluso los muebles viejos del hogar.

Más paga el que más compra, el que más consume.

El primer vistazo que produce Japón es el de un país colmena, de ciudades apretadas, construidas por laboriosas abejas. Aunque impera el orden, la disciplina y la limpieza, no faltan lugares en los bordes de las ciudades, donde la basura es arrojada al amparo de las sombras.

Lugares descampados donde se pueden hallar neumáticos gastados, baterías de coches, motocicletas destartaladas, automóviles con las carrocerías oxidadas, sofás rotos, cocinas, alfombras agujereadas, bicicletas que la maleza devora en la primavera y que la nieve oculta durante el invierno.

Sin embargo, el grueso de la población tiene conciencia cívica y un arraigado sentimiento de grupo que les permite emprender juntos desafíos colectivos que demandan tareas como estas en sus pueblos y ciudades.

Después del 503, cuando la primavera cede su paso al verano, las asociaciones de vecinos emprenden, en todo Japón, la limpieza de sus propios barrios. Abuelos, padres, hijos y nietos se juntan con otros abuelos, padres, hijos y nietos con el fin de dedicarle una mañana al aseo del vecindario, empezando por las alcantarillas.

Mantener limpia una ciudad, colaborar con el reciclaje de la basura no sólo es un deber cívico sino también una responsabilidad social. La eliminación de los residuos que producimos se ha vuelto un calamidad. El hombre es el mayor agente contaminante de un planeta que tiene cada vez menos agua que beber y aire puro que respirar.

Y el 503 de los japoneses echa una manito a un planeta que está sucumbiendo a los excesos que trae consigo el consumo. Un consumo sustentado por el progreso, el desarrollo y la industrialización.






(*)Decimos esto sin sumar las miles de toneladas diarias de basura que producen las industrias en todo el planeta. Sólo EEUU aporta casi el 40 por ciento de los gases (dióxido de carbono) que viene causando el llamado efecto invernadero.